Circular por Buenos Aires y detenerse en un
verde puestito de diarios o ante un afiche de esquina. Escuchar
la conversación entre dos chicos de 5 y 10 años
o encender la TV y “zapinear” un par de señales
de cable. Tan sólo eso. Para inevitablemente llegar a
un punto común: los dibujitos animados japoneses. O llamados
por los fanáticos seguidores, “anime”.
Esos de grandes ojos- que superan en tamaño a los de
oriente y occidente juntos-, de piernas estilizadísimas
–envidiables para más de una mujer y seductoras
para más de un hombre- y de movimientos bruscos o tiempo
detenido. Dragon Ball Z, Gundam Wing, Boogiepop Phantom o Cowboy
Bebop son algunos de los exponentes que hoy podemos ver en la
televisión local.
Identikit de un
devoto del anime
El fana del anime tiene entre 15 y 25 años y posee
características originales que lo destacan del
resto de los hobbies. No por una cuestión de estética
sino de costumbres y prácticas concretas. Entre
otras, éstas:
Devora con pasión todo lo vinculado al anime. Esto
quiere decir: compra revistas, ve videos –ya sea
mediante el alquiler o adquisición en bolichitos
de por ahí-. Lee libros de arte y otras yerbas,
baja material a rolete de la red. Y obviamente absorbe
los programas de la tele, cuidadosamente seleccionados.
La variedad de los productos recién descriptos,
queridos novatos, resulta inimaginable. Los nombres, también.
Y con el paso del tiempo parece multiplicarse a la enésima
potencia. Siempre actualizado, la obsesión por
ver más lo lleva hasta a tomar clases de japonés
para entender “reliquias” o figuritas difíciles
sin previa traducción y doblaje.
Es súper celoso de las “joyitas” conseguidas
con el sudor de la frente (las neuronas y el bolsillo).
Prestar material de un dueño sin su previa autorización
puede llegar a interpretarse como una declaración
de guerra. Pero caso contrario, es decir, que un fana
comparta sus cintas con un otro, significa una fuerte
demostración de amistad –o de alegría
exagerada por haber hallado a alguien que en un principio
se interesara por el tema y después no tuviera
otra que tragarse la colección... completa, sí,
pero interminable de objetos recauchutados-.
Muchas veces, el fana tiene dificultad para relacionarse
con los demás. Una vía de saltearla, es
ir a las reuniones, gente con los mismos gustos que se
junta para comentar todo con punto y coma. Novedades del
ayer y hoy, al por mayor y en secreto.
Otra de las ventajas de pertenecer a un club de anime
es concurrir a las súper maratones. Lo común
es que uno ponga la casa y acudan otros cuantos más.
Pueden llevar un tiempo de 5 horas hasta 30. En ciertas
ocasiones pueden ser dibujitos sin traducir, entonces
un amigo oriental puede ir haciéndolo en simultáneo. |
Nada de invasión nipona. Las series provenientes del
otro lado del meridiano de Greenwich llegaron a la Argentina
en los ´80 corriendo incansables carreras junto a Meteoro,
peleando con Mazinger Z (y su llamativa compañera Afrodita)
y saltando las colinas con la inocente Heidi y su “abuelito
dime tú”. En estos tiempos nuevos trazos llegan,
de una diversidad tal que hay para todos los gustos.
Las características básicas para reconocer
que estamos frente a un ejemplar anime son: ojos hiper-grandes,
un “héroe” que consigue la solución
a su problema gracias al trabajo en equipo –a diferencia
de los occidentales-, la aparición al por mayor de
todo tipo de robots y una historia compleja que se continúa
capítulo tras capítulo.
Una de las cosas que más shockea al novato es la aparición
de la violencia. Es común el combate cuerpo a cuerpo
con muertes y metas sagradas, pues se halla implícita
la idea de la vida después de la muerte. Lo mismo sucede
con el erotismo que es incluido de manera sutil o explícita
(uno de los estereotipos de mujeres es la colegiala con senos
prominentes). También es recurrente la explosión
de bombas en forma de hongo, que evocan la forma de las que
explotaron en Hiroshima y Nagasaki en 1945.
Es interesante remarcar que los personajes no son totalmente
buenos o malos como estamos acostumbrados a ver en los cartoons
de Disney. Uno “bueno” puede ser envidioso, inmaduro
o vanidoso. Tener su castigo o no. Algo similar sucede en el ámbito estético.
Si He-Man era lindo, Esqueletor era horrible. En Anime eso no existe. Y quizás eso resulta sumamente
confuso y atractivo.
Acá denominamos “anime” a todo tipo de
dibujito animado elaborado en Japón. Allá, ellos
llaman así a todo dibujo, independientemente del lugar
de producción. Aquel que se dirige a niños,
pero también a adolescentes y adultos de ambos sexos,
que cuenta con un amplio catálogo de géneros
de historias. Acá los “fana” usan términos
de más allá, pero con otro significado. Para
evitar confusiones y ayudar a la mayor compresión entre
las olas culturales urbanas confeccionamos un pequeño
diccionario:
Manga:
es el comic japonés, la historieta. Literalmente quiere
decir imágenes involuntarias y lo acuñó
Hokusai Katsushika en 1814 para dar sentido a la composición
ágil. Las revistas están dirigidas a distintos
públicos. Por ejemplo: el shoujo-manga es
para las adolescentes y el shounen-manga a los chicos.
El kodomo-maga a los bajitos y el h-maga
es el que posee contenido erótico. Muchos de los anime
están basados en el manga.
Ova
(en inglés OAV: original animation video): es un anime
creado especialmente para el video (DVD, VHS o laserdisc).
Por lo general, son de mejor calidad que los que se transmiten
por TV.
Otaku:
en Japón son denominados así los aficionados
al anime y al manga, pero de forma despectiva. En occidente
se adoptó la palabra para nombrar a aquellos seguidores
de manera positiva.
Hentai:
es la animación erótica japonesa. En su idioma
original quiere decir pervertido, extraño. Posee contenido
explícitamente sexual.
Ecchi:
es como ellos lo pronuncian (h-anime, h-manga).
Mecha:
(del inglés mechanic) son las series de robots, personajes
u objetos mecánicos. Ejemplos: Mazinger Z, Gundam y
Macross.
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